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Qué es la ansiedad: causas, tipos, tratamiento y cómo gestionarla cada día

Entender qué es la ansiedad, para qué sirve y cuándo deja de ser útil es el primer paso para saber cómo gestionar la ansiedad sin pelearte con ella ni dejar que decida por ti.

EntenderPor Redacción ByeByeAnsiedadRevisado el 1 de octubre de 2026

Brújula antigua sobre un mapa dibujado a mano encima de un escritorio de madera (imagen generada con AI)
Entender la ansiedad es como orientarse: primero, saber dónde estás.Imagen generada con AI

Qué es la ansiedad y para qué sirve

Imagina que vas a cruzar una calle y oyes un frenazo a tu izquierda. Antes de pensar nada, ya has dado un paso atrás, el corazón te late fuerte y tienes los ojos clavados en el coche. Eso que acaba de pasar en un segundo es la base de todo este artículo. Responder a qué es la ansiedad empieza por ahí: es una alarma que el cuerpo lleva de serie para protegerte, y que se activa cuando percibe una amenaza. Entender esa alarma es el primer paso para saber cómo gestionar la ansiedad cuando se dispara sin motivo.

La ansiedad, en sentido estricto, es esa misma alarma cuando se dispara por algo que todavía no ha ocurrido. No el coche que frena, sino la idea de que podría frenar tarde. Te pone en tensión, centra la atención en el problema y prepara al cuerpo para actuar, a veces durante horas. En su justa medida es muy útil: es la inquietud que te hace repasar el examen, mirar dos veces antes de firmar un contrato o llamar a tu madre cuando lleva un día sin contestar.

Harvard Health Publishing, la editorial de divulgación de la Facultad de Medicina de Harvard, describe cómo funciona esa alarma por dentro. Cuando la amígdala percibe peligro, envía una señal al hipotálamo, que pone en marcha el sistema nervioso simpático (el acelerador, en palabras de la guía) y, por una vía hormonal más lenta, la liberación de cortisol. El sistema parasimpático hace de freno cuando el peligro pasa. La página sobre la ansiedad desde la neurociencia cuenta este recorrido con más detalle.

Un apunte sobre las palabras, de paso. En castellano se habla también de «angustia», que viene del latín angustia, «estrechez», de la misma familia que angosto. Quien ha tenido una crisis entiende bien la elección: la sensación es justo esa, la de un pasillo que se estrecha y un pecho al que le falta sitio.

Esta guía sobre qué es la ansiedad y cómo gestionarla recorre, por orden, la diferencia con el miedo y el estrés, cuándo se convierte en un trastorno, sus causas, sus tipos, el tratamiento que recomiendan las guías clínicas y lo que puedes hacer tú cada día.

Diferencia entre ansiedad y miedo, y dónde entra el estrés

La diferencia entre ansiedad y miedo está sobre todo en el tiempo. El miedo responde a un peligro presente y concreto: el perro que se acerca ladrando, el agua que te cubre de repente en la playa. Es intenso, te empuja a actuar y se va bastante rápido cuando el peligro desaparece. La ansiedad, en cambio, mira hacia delante. Responde a algo que podría pasar, muchas veces difuso («¿y si me despiden?», «¿y si es algo grave?»), y por eso puede durar mucho más sin que llegue a ocurrir nada.

En el cuerpo se parecen mucho, porque usan la misma alarma. Corazón acelerado, músculos tensos, respiración más rápida. Lo que cambia es el disparador y la duración, y esa es la razón de que la ansiedad canse tanto: es un miedo que no encuentra su perro y no sabe cuándo puede bajar la guardia.

El estrés es el tercer pariente. MedlinePlus, el servicio de información sanitaria de la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos, lo describe como la reacción del cuerpo ante un desafío o una exigencia. Una mudanza, un cierre de mes en el trabajo, cuidar a un familiar enfermo. El estrés suele estar atado a la situación y bajar cuando esta termina. La ansiedad puede quedarse cuando la situación ya ha pasado, o aparecer sin una causa evidente.

Entender la diferencia entre ansiedad y miedo, y entre ambos y el estrés, tiene una utilidad práctica. Al miedo se le responde resolviendo el peligro. Al estrés, repartiendo la carga o descansando. A la ansiedad, que se alimenta de lo que todavía no ha pasado, le sirven mejor otras herramientas: aprender a convivir con la incertidumbre, comprobar menos y no evitar.

Cuándo la ansiedad se convierte en un trastorno

Saber qué es la ansiedad corriente ayuda a ver dónde empieza el problema. La ansiedad del día a día y un trastorno de ansiedad no se distinguen por los síntomas, que pueden ser muy parecidos, sino por tres cosas que un profesional valora siempre. La primera es la proporción: si la intensidad encaja con lo que está pasando o va muy por encima. La segunda, la duración: unos nervios que se van cuando se resuelve el problema no son lo mismo que una preocupación que se mantiene casi todos los días durante meses. La tercera, y quizá la más importante, es cuánto interfiere en tu vida: si te impide dormir, trabajar, estudiar, estar con otras personas o salir de casa.

Tres macetas en fila con un capullo cerrado, una flor entreabierta y otra abierta (imagen generada con AI)
La ansiedad tiene grados, como una flor que se va abriendo.Imagen generada con AI

No es un problema raro, ni mucho menos. Según la nota descriptiva de la Organización Mundial de la Salud sobre los trastornos de ansiedad, actualizada en septiembre de 2026, se calcula que el 5,8 % de la población mundial padece un trastorno de ansiedad; en 2023 eran 470 millones de personas, y son los trastornos mentales más comunes. La OMS añade que afectan más a las mujeres que a los hombres y que sus síntomas suelen aparecer durante la infancia o la adolescencia.

El mismo documento da una cifra menos amable. Solo alrededor de una de cada cuatro personas que necesitan tratamiento (27,6 %) tiene acceso a él.

Si quieres una primera orientación, el test de ansiedad GAD-7 pregunta por tus síntomas de las últimas dos semanas. Según su manual oficial, una puntuación de 10 o más es el punto a partir del cual se recomienda una valoración profesional. Es un cribado, no un diagnóstico, y conviene tomarlo como lo que es: una forma de saber si merece la pena pedir cita. Y si lo que quieres es reconocer lo que sientes en el cuerpo y en la mente, la guía de síntomas de ansiedad físicos y emocionales los repasa uno por uno.

Causas de la ansiedad: biología, historia personal y circunstancias

La pregunta por las causas de la ansiedad tiene una respuesta poco espectacular pero honesta: casi nunca hay una sola. Lo habitual es que se sumen varias capas, y que la mezcla sea distinta en cada persona.

La primera capa es biológica. Hay personas cuya alarma de estrés es, de entrada, más sensible: reaccionan antes, con más intensidad y tardan más en volver a la calma. En algunas familias la ansiedad aparece en varias generaciones, por una combinación de herencia y de lo que se aprende en casa. Algunos problemas médicos, como los del tiroides o el corazón, y sustancias como el exceso de cafeína o ciertos fármacos, pueden producir síntomas muy parecidos; por eso un médico debe descartarlos antes de dar por hecho que todo es ansiedad.

La segunda capa es psicológica, y tiene que ver con la forma de interpretar lo que pasa. La tendencia a imaginar el peor desenlace, la dificultad para tolerar la incertidumbre, la necesidad de tenerlo todo bajo control o la autoexigencia elevada hacen que la alarma salte más a menudo. El perfeccionismo es un buen ejemplo. Un metaanálisis publicado en 2017 en el Journal of Clinical Psychology (Limburg y colaboradores) encontró que se asocia con distintos problemas de salud mental, entre ellos la ansiedad, y otro trabajo de Curran y Hill en Psychological Bulletin observó que el perfeccionismo de los jóvenes había aumentado entre 1989 y 2016. Si te reconoces aquí, la página sobre cómo manejar la autoexigencia tiene ideas concretas.

La tercera capa son las circunstancias: pérdidas, conflictos, problemas económicos, una enfermedad propia o de alguien cercano, una época de sobrecarga que se alarga. Muchas veces la ansiedad aparece cuando varias de estas cosas coinciden, y no cuando ocurre la más grave, sino justo después, cuando el cuerpo por fin afloja.

Ninguna de estas causas es una sentencia. Una alarma sensible se puede entrenar y una forma de pensar se puede revisar, y en eso se basa buena parte del tratamiento.

Tipos de ansiedad que describen las guías clínicas

Bajo la palabra «ansiedad» caben cuadros bastante distintos. El Manual MSD, en su versión para el público general, y la OMS describen varios tipos de trastornos de ansiedad, con patrones diferentes:

  • Trastorno de ansiedad generalizada (TAG): preocupación excesiva y difícil de controlar por muchas cosas a la vez, casi todos los días, con tensión, cansancio y mal sueño.
  • Trastorno de pánico: crisis de miedo intenso que llegan de golpe, con palpitaciones, sensación de ahogo y miedo a morir o perder el control, y preocupación por que vuelvan a ocurrir.
  • Trastorno de ansiedad social (fobia social): miedo intenso a ser observado, juzgado o a hacer el ridículo delante de otros.
  • Fobias específicas: miedo desproporcionado a algo concreto, como volar, la sangre, ciertos animales o las alturas.
  • Agorafobia: miedo a lugares o situaciones de los que sería difícil salir o pedir ayuda, como el transporte público, las multitudes o salir solo de casa.
  • Trastorno de ansiedad por separación: miedo excesivo a separarse de las personas de apego; es típico de la infancia, aunque también aparece en adultos.

Hay cuadros cercanos que no se clasifican exactamente como trastornos de ansiedad, aunque la ansiedad tenga mucho peso en ellos. El propio Manual MSD agrupa la ansiedad junto a los trastornos relacionados con el trauma y el estrés, como el trastorno de estrés postraumático, que aparece después de vivir o presenciar un suceso muy grave.

Conocer estos tipos sirve para ponerle nombre a lo que te pasa y explicarlo mejor en consulta. El diagnóstico, eso sí, es cosa de un profesional: muchas personas encajan a medias en varios tipos, y el tratamiento se ajusta a cada caso.

Tratamiento de la ansiedad con respaldo científico

La buena noticia es que los trastornos de ansiedad tienen tratamientos bien estudiados. La OMS lo resume con claridad: las intervenciones con mayor respaldo científico son las basadas en los principios de la terapia cognitivo-conductual (TCC), entre ellas la terapia de exposición. La TCC trabaja sobre la forma de interpretar lo que ocurre y sobre las conductas que mantienen la ansiedad, como la evitación, y la exposición consiste en acercarse poco a poco, de forma planificada, a lo que se teme.

En España, la guía de práctica clínica del Sistema Nacional de Salud para el tratamiento del trastorno de ansiedad generalizada en atención primaria, publicada en GuíaSalud en noviembre de 2024 y coordinada por el Servicio de Evaluación del Servicio Canario de la Salud, sitúa también la TCC como primera línea de tratamiento. En el Reino Unido, la guía NICE CG113 sobre ansiedad generalizada y trastorno de pánico sigue la misma dirección. Un ensayo español, el PsicAP (Cano-Vindel y colaboradores, 2022), puso a prueba la TCC en grupo en centros de atención primaria, que es justo donde llega la mayoría de las personas con ansiedad.

Farol de luz cálida en un sendero de bosque cubierto de niebla al amanecer (imagen generada con AI)
Un buen tratamiento no despeja la niebla de golpe, pero alumbra el camino.Imagen generada con AI

Sobre los fármacos, la OMS indica que los antidepresivos como los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) también pueden ser útiles para tratar a adultos, y la guía española los menciona como fármacos de elección cuando están indicados. Si convienen o no, cuál, a qué dosis y durante cuánto tiempo es algo que lo valora un profesional contigo; no es una decisión para tomar por tu cuenta, ni para empezar ni para dejar.

Hay una tercera vía que ha ganado peso. La OMS señala que aprender técnicas para controlar el estrés, como la relajación y la atención plena (mindfulness), puede contribuir a reducir los síntomas. Un ensayo publicado en JAMA Psychiatry en 2023 (Hoge y colaboradores) comparó un programa de reducción del estrés basado en mindfulness con el escitalopram, un ISRS, en adultos con trastornos de ansiedad, y encontró que el programa no era inferior al fármaco.

En la práctica, en España la puerta de entrada suele ser el médico de cabecera, que puede valorar, descartar causas físicas y derivar a salud mental cuando hace falta. La guía sobre cómo superar la ansiedad explica con más detalle qué esperar de cada opción y cómo preparar esa primera cita.

Cómo gestionar la ansiedad en el día a día

El tratamiento profesional es una parte. La otra son las cosas pequeñas que dependen de ti, y que sirven tanto si estás en tratamiento como si tu ansiedad es de las que van y vienen. Saber cómo gestionar la ansiedad a diario no consiste en eliminarla, sino en bajarle el volumen y quitarle poder de decisión.

La respiración lenta es la herramienta más inmediata. El NHS, el servicio público de salud británico, propone dejar que el aire baje hacia la tripa sin forzar, inspirar por la nariz y soltarlo por la boca, contando de uno a cinco en cada fase, durante al menos cinco minutos. Un metaanálisis de ensayos clínicos publicado en Scientific Reports en 2023 (Fincham y colaboradores) encontró que los ejercicios de respiración reducen la ansiedad con un efecto entre pequeño y moderado: no es poco para algo gratuito que se puede hacer en cualquier sitio, pero tampoco es una cura. Puedes probar el ejercicio guiado de la página de respiración para la ansiedad.

El sueño viene justo detrás. Mantener un horario regular, sobre todo la hora de levantarte, ayuda más de lo que parece, porque la ansiedad y el mal descanso se alimentan entre sí. Hay pautas concretas en la página sobre cómo dormir sin ansiedad.

Árbol joven en una colina con las raíces a la vista, pájaros y amanecer (imagen generada con AI)
Los hábitos pequeños son raíces: no se ven crecer, pero sostienen.Imagen generada con AI

Después vienen los hábitos que no hacen ruido: moverte un rato cada día, revisar cuánto café tomas por la tarde, reservar un momento para estar con gente que te hace bien, aprender a decir que no. Ninguno resuelve nada por sí solo, y juntos cambian el terreno sobre el que crece la ansiedad. En hábitos para la ansiedad y en la página sobre poner límites saludables hay ejemplos para empezar.

Hay también una actitud que ayuda: no huir de lo que te da miedo cada vez que aparece. Evitar alivia en el momento, pero enseña al cerebro que aquello era peligroso, y la próxima vez la alarma suena antes. Acercarse poco a poco, aguantar un rato el malestar y comprobar que pasa es, a pequeña escala, lo mismo que hace la terapia de exposición. Requiere paciencia, y conviene tratarse con la misma amabilidad que tendrías con un amigo en tu lugar.

Entender qué es la ansiedad y cómo gestionarla no exige hacerlo todo a la vez. Elegir una sola cosa de esta lista y repetirla dos semanas suele dar más resultado que intentar cambiarlo todo el lunes.

Mitos sobre la ansiedad que conviene desmontar

«La ansiedad es cosa de gente débil.» Es probablemente el mito más extendido y el que más daño hace, porque retrasa la consulta. La ansiedad es una respuesta del sistema nervioso, y la OMS la sitúa entre los problemas de salud mental más comunes del mundo. Aparece en personas muy capaces, a menudo precisamente en las más responsables y exigentes.

«Si no se nota por fuera, no es para tanto.» La mayor parte de la ansiedad ocurre por dentro: en los pensamientos, en el estómago, en las noches sin dormir. Que alguien siga yendo a trabajar no significa que no lo esté pasando mal.

«Hay que aguantar, ya se pasará.» A veces se pasa. Otras veces se va instalando y la vida se estrecha, con más evitación y más cansancio. Esperar meses a ver si mejora no es una estrategia; consultar pronto sí lo es.

«Las pastillas te cambian la personalidad.» Los fármacos que se usan en la ansiedad, como los ISRS, son tratamientos con indicaciones y efectos secundarios conocidos, y un médico los ajusta y los sigue. No son la única opción ni la primera para todo el mundo, pero tampoco son una amenaza para quien eres.

«Con respirar bien se arregla todo.» La respiración ayuda, y mucho, en el momento. Pero los estudios muestran un efecto moderado, y en un trastorno de ansiedad suele hacer falta algo más.

Cuándo pedir ayuda y a quién llamar

Si la ansiedad dura semanas, te hace evitar situaciones o te impide llevar tu vida con normalidad, es razón suficiente para pedir cita con tu médico de cabecera. No hace falta esperar a estar muy mal ni tener claro qué tipo de ansiedad es; para eso sirve la consulta.

Hay situaciones que no pueden esperar. El Ministerio de Sanidad recuerda que, ante una emergencia vital inminente, se puede llamar directamente al 112, y un dolor en el pecho intenso o desconocido entra en esa categoría aunque sospeches que es una crisis de angustia. Cómo distinguir una crisis de un problema del corazón, y qué hacer mientras dura, lo explica la guía sobre qué hacer en una crisis de ansiedad. Para los pensamientos de hacerte daño existe el 024, la línea de atención a la conducta suicida, gratuita, confidencial y disponible a cualquier hora, también para familiares y personas cercanas. Y para apoyo emocional en crisis está el Teléfono de la Esperanza, en el 717 003 717.

Si hoy solo vas a hacer una cosa, que sea esta: apunta en un papel cuándo apareció tu ansiedad esta semana, qué estabas haciendo y cuánto duró. Esas tres líneas, llevadas a la consulta, valen más que cualquier explicación improvisada en el momento.

Preguntas frecuentes

¿Qué es la ansiedad, explicado de forma sencilla?

Es una respuesta natural del cuerpo y de la mente ante algo que se percibe como una amenaza, sobre todo si es futura o incierta. Te pone en alerta, acelera el corazón y centra la atención en el problema. En su justa medida es útil. Se convierte en un trastorno cuando es demasiado intensa, dura mucho tiempo o aparece sin motivo y te impide hacer vida normal.

¿Cuál es la diferencia entre ansiedad y miedo?

El miedo responde a un peligro presente y concreto, como un perro que se te acerca ladrando, y se va cuando el peligro desaparece. La ansiedad se anticipa a algo que podría pasar, muchas veces difuso, y por eso puede durar horas o días sin que ocurra nada. El cuerpo reacciona de forma parecida en los dos casos, con el corazón acelerado y los músculos tensos.

¿Ansiedad y estrés son lo mismo?

No exactamente, aunque se parecen mucho. El estrés es la respuesta del cuerpo a una exigencia o a una presión concreta, como una mudanza o una entrega de trabajo, y suele bajar cuando esa exigencia termina. La ansiedad puede continuar aunque la situación ya haya pasado, o aparecer sin una causa clara. Un estrés intenso y prolongado puede acabar desembocando en ansiedad.

¿Cuántas personas tienen un trastorno de ansiedad?

Según la OMS, el 5,8 % de la población mundial padece un trastorno de ansiedad y en 2023 eran 470 millones de personas, lo que los convierte en los trastornos mentales más comunes. Afectan más a las mujeres que a los hombres y sus síntomas suelen empezar en la infancia o la adolescencia. Solo una de cada cuatro personas que necesitan tratamiento tiene acceso a él.

¿Cuáles son las causas de la ansiedad?

No hay una causa única. Suelen combinarse factores biológicos, como una respuesta de estrés que se dispara con facilidad o antecedentes en la familia, factores psicológicos, como la tendencia a preocuparse o la autoexigencia, y situaciones de la vida, como pérdidas, conflictos o cambios difíciles. Algunos problemas de salud y ciertas sustancias, como el exceso de cafeína, también pueden producir síntomas parecidos.

¿Qué tipos de ansiedad existen?

Los principales trastornos de ansiedad son el trastorno de ansiedad generalizada, el trastorno de pánico, el trastorno de ansiedad social, las fobias específicas, la agorafobia y el trastorno de ansiedad por separación. Cada uno tiene un patrón distinto: preocupación constante, crisis bruscas, miedo a ser juzgado, miedo a algo concreto o miedo a ciertos lugares. El diagnóstico concreto lo hace un profesional sanitario.

¿Cómo gestionar la ansiedad cuando aparece?

En el momento ayuda bajar el ritmo de la respiración, contando despacio hasta cinco al inspirar y hasta cinco al espirar durante unos minutos, y traer la atención a lo que ves, oyes y tocas. A medio plazo cuentan mucho el sueño regular, el movimiento diario y poner límites a lo que te sobrecarga. Si la ansiedad se repite y te limita, lo indicado es consultar.

¿La ansiedad se cura?

La ansiedad como emoción no desaparece, ni conviene que lo haga, porque cumple una función. Los trastornos de ansiedad sí tienen tratamientos con buen respaldo científico, sobre todo la terapia cognitivo-conductual, y mucha gente mejora de forma clara con ellos. Lo realista es aspirar a que la ansiedad vuelva a un tamaño manejable y deje de decidir por ti.

¿Cuál es el tratamiento más eficaz para la ansiedad?

La OMS señala que las intervenciones con mayor respaldo científico son las basadas en la terapia cognitivo-conductual, incluida la terapia de exposición. La guía de práctica clínica del Sistema Nacional de Salud sobre el trastorno de ansiedad generalizada también la sitúa como primera opción. Los antidepresivos ISRS pueden ser útiles en adultos, y es un profesional quien valora si convienen en cada caso.

¿Tomar medicación para la ansiedad es peligroso?

Los fármacos para la ansiedad, como los antidepresivos ISRS, pueden ser útiles en adultos según la OMS, pero deben indicarse y seguirse por un médico, que valora beneficios, efectos secundarios y duración del tratamiento. Lo que no conviene es empezarlos, cambiar la dosis o dejarlos por tu cuenta. Si tienes dudas sobre una medicación que ya tomas, coméntalas en tu próxima consulta.

¿Qué es la ansiedad generalizada?

El trastorno de ansiedad generalizada consiste en preocuparse en exceso y de forma difícil de controlar por muchas cosas distintas a la vez, como el trabajo, la salud o la familia, casi todos los días y durante mucho tiempo. Suele acompañarse de tensión muscular, cansancio, irritabilidad, problemas de concentración y mal sueño. Es uno de los trastornos de ansiedad más frecuentes en atención primaria.

¿La ansiedad es una señal de debilidad?

No. La ansiedad es una respuesta del sistema nervioso, no un fallo de carácter, y aparece en personas muy diversas, también en quienes funcionan bien en el trabajo o en la familia. Muchas personas con ansiedad son especialmente responsables y exigentes consigo mismas. Pedir ayuda no habla de debilidad, sino de sentido común ante un problema de salud que tiene tratamiento.

¿Puede la ansiedad aparecer sin motivo?

Puede parecerlo. A veces la ansiedad surge sin un desencadenante claro, porque se ha ido acumulando tensión durante semanas o porque la alarma del cuerpo se ha vuelto más sensible. Otras veces el motivo existe, pero no es evidente a primera vista. Llevar un registro breve de cuándo aparece y qué estabas haciendo ayuda a descubrir patrones que pasaban desapercibidos.

¿Cómo sé si necesito ayuda profesional?

Conviene consultar cuando la ansiedad dura semanas, aparece casi todos los días, te hace evitar situaciones o te impide dormir, trabajar o estar con otras personas. Un cuestionario como el GAD-7 puede orientarte: su manual recomienda una valoración profesional a partir de 10 puntos. Es un cribado, no un diagnóstico. El médico de cabecera es una buena primera puerta.

¿Dónde pedir ayuda urgente por ansiedad en España?

Si hay una emergencia vital inminente, como un dolor en el pecho intenso o pensamientos de hacerte daño con peligro inmediato, llama al 112. Para pensamientos suicidas existe el 024, la línea del Ministerio de Sanidad, gratuita, confidencial y disponible las 24 horas. Para apoyo emocional en crisis también está el Teléfono de la Esperanza, en el 717 003 717.

Fuentes consultadas

  1. Organización Mundial de la Salud (OMS): Trastornos de ansiedad, nota descriptiva, 2026
  2. MedlinePlus en español: Ansiedad
  3. MedlinePlus en español: El estrés y su salud
  4. Manual MSD (versión para público general): Introducción a los trastornos de ansiedad
  5. NIMH en español: publicaciones sobre los trastornos de ansiedad
  6. Harvard Health Publishing: Understanding the stress response, 2024
  7. Ministerio de Sanidad / GuíaSalud: Guía de práctica clínica para el tratamiento del trastorno de ansiedad generalizada en atención primaria, 2024
  8. NICE CG113: Generalised anxiety disorder and panic disorder in adults
  9. Hoge EA et al. Mindfulness-Based Stress Reduction vs Escitalopram for the Treatment of Adults With Anxiety Disorders. JAMA Psychiatry, 2023
  10. Fincham GW et al. Effect of breathwork on stress and mental health: a meta-analysis of randomised-controlled trials. Sci Rep, 2023
  11. NHS: Breathing exercises for stress
  12. PHQ Screeners: PHQ and GAD-7 Instructions (manual oficial)
  13. Ministerio de Sanidad: Línea 024 de atención a la conducta suicida
  14. Limburg K et al. The Relationship Between Perfectionism and Psychopathology: A Meta-Analysis. J Clin Psychol, 2017
  15. Curran T, Hill AP. Perfectionism is increasing over time: A meta-analysis of birth cohort differences from 1989 to 2016. Psychol Bull, 2019
  16. Cano-Vindel A et al. Transdiagnostic group cognitive behavioural therapy for emotional disorders in primary care: the PsicAP randomized controlled trial. Psychol Med, 2022