Descubre el idioma que usa tu cerebro para comunicarse con el cuerpo

Vamos a empezar a practicar con las respiraciones. La idea es que puedas coger la respiración natural que hace nuestro cuerpo, a la que llamamos bostezo, y la apliques de forma artificial cuando la necesites. En
realidad, te voy a proponer dos maneras de aplicarla en dos situaciones distintas. Pero antes de la práctica, ten en cuenta estos dos requisitos:

• Practica en situaciones o momentos de tranquilidad. Busca un
momento y un lugar donde nadie te interrumpa.

 

• La condición para que el diafragma se mueva es que físicamente
pueda hacerlo, es decir, tenga recorrido para poder desplazarse: afloja
prendas de ropa que te aprieten, cinturones, o pantalones estrechos,
o bien ponte ropa cómoda y de deporte. Se recomienda tomar el
aire por la nariz y expulsarlo por la boca, aunque también podía
hacerse de otra forma; si te resultase más cómodo, o estás en un sitio
donde hace mucho frío, puedes tomarlo y expulsarlo por la nariz.

Imita a un bostezo y evita la ansiedad

La primera herramienta que te quiero enseñar y que ya puedes empezar a aplicar esta misma noche antes de acostarte es la que llamo la respiración del bostezo. De hecho, nuestro cuerpo, que es una máquina perfecta y preparada para todo, ya tiene dos maneras de respirar de manera natural para combatir la ansiedad: el bostezo y el suspiro.
Ambos tienen algo en común en su mecanismo y funcionan de la siguiente manera:

• Inspiración corta y suave.
• Pequeña apnea.
• Espiración larga y a poder ser con ruidito final.

¿Estás bostezando ya? Eso es bueno. ¿Te relaja, verdad?

Aquí te dejo un video de una de las últimas charlas que pude dar antes de la pandemia, en ella aprendimos cómo hacer este tipo de respiración.
¿Quieres descubrirlo? dale click al video y luego me cuentas. Puedes escuchar toda la charla… pero si quieres ir directo a la respiración la encuentras a partir del minuto 40.

¿Qué sucede al Inhalar así?

Esta respiración se convierte en una especie de masaje revitalizador del esófago, el estómago, el intestino grueso y el delgado, los riñones, el páncreas, la vesícula biliar, el bazo y el aparato urinario.

Aumenta la ventilación de los alvéolos y la oxigenación. como la capacidad de los pulmones de redirigir ese oxígeno eficientemente a todo el organismo; el hígado, el bazo y los riñones desalojan más sangre y se desintoxican, se activa la circulación sanguínea y la digestión, el estómago y los intestinos funcionan mucho mejor. Como consecuencia, el corazón tiene menos presión y el ritmo de los latidos se regula y fortalece, las probabilidades de padecer trastornos cardíacos se reducen, aumenta la cantidad de glóbulos rojos y baja la presión arterial.

¿Y al exhalar?

Cuando exhalamos, nuestro abdomen se contrae e impulsa suavemente el aire y la energía a través de la médula espinal hacia el cerebro, oxigenándolo y evitando toda la lista de síntomas que comentábamos antes.

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